El desafío
En traducción, la marca que parece más grande no es la que más confianza da. Cuando arrancamos con IRIS a fines de 2024, Carolina y Valentina ya tenían una lista de webs del rubro a las que no querían parecerse: demasiados servicios, mucho texto, colores que no decían nada y ni una cara a la vista. Las llamaban “webs acartonadas”.
Para entender por qué, hay que conocer la historia. Caro y Valen se conocieron estudiando el Profesorado de Inglés en Río Cuarto y se recibieron en 2005. Después la vida las mandó lejos: Caro se fue a Estados Unidos en 2006 y Valen a Merlo, en San Luis. Las dos eran profesoras de inglés. Valen se pasó a la traducción en la pandemia y Caro la siguió, “inspirada por ella”. Hicieron el Máster en Traducción Audiovisual y lo terminaron casi al mismo tiempo. Como escribieron ellas, entendieron que necesitaban “crear una mini-empresa que nos permita hacer justamente eso, freelancear juntas”.
Así nació IRIS, una agencia boutique de dos personas. Su diferencial lo resumen en una frase: “cuatro ojos ven más que dos y tu mensaje merece ese tipo de atención”. Lo que les faltaba era una marca que contara eso antes de que alguien leyera una línea. La vara la pusieron ellas mismas: “Que nos deslumbre porque capta y representa todo lo que queremos transmitir.”
Qué hicimos
El proceso arrancó con un formulario, y ellas lo respondieron en un documento aparte, más largo que el original, por iniciativa propia. Ese ejercicio las ayudó a definir qué querían que IRIS contara, y a nosotros nos dio material de sobra. Ahí estaban los colores que buscaban, azules para la confianza y amarillos para la cercanía, “no un Boca Juniors sino más pasteles”. También las tipografías que les gustaban, un estilo minimalista que durara en el tiempo y la historia del nombre.
Ese nombre ya traía mucho adentro. Iris era la diosa griega mensajera que viajaba por el arcoíris y estaba a cargo de “cuidar y entregar la información intacta”. Quimey Morán, la diseñadora del proyecto, hizo la investigación: sacó del formulario las palabras clave (comunicación, unión, conectar, cuidar, confianza, mensaje), armó moodboards y analizó tanto las referencias que ellas habían elegido como las que no. Su primera conclusión fue que la diosa, su historia y su flor funcionaban como elemento de diferenciación. La propuesta inicial fue usar la flor iris para el isotipo.
En paralelo, Quimey armó el arquetipo de la marca. Ellas se veían Sabias, las dos, con rasgos de Héroe. La propuesta fue otra: Cuidador en un 70 %, Sabio en un 20 % y Amante en un 10 %. El Sabio se quedó, pero en segundo plano. Adelante pasó algo que ya estaba en lo que ellas escribían sobre su trabajo: cuidar el mensaje de otra persona. El documento se editó con lo que ellas habían dicho en la primera reunión, para que el arquetipo hablara con sus palabras.
Después vinieron las rondas de diseño. En la segunda reunión les mostramos cinco conceptos de isologo (“Dos amigas”, “Personas”, “Globo de texto”, “Comunicación” y “Arcoíris”), varias opciones de logotipo, dos paletas y una primera combinación tipográfica, Nunito con Lato. Para la tercera reunión el arcoíris ya había quedado afuera. Los conceptos que seguían en pie giraban alrededor de lo mismo: los globos de texto, la traducción como cambio, las dos personas. Sumamos una paleta violeta y lila como alternativa y tres combinaciones tipográficas para comparar.
Una marca para usar
La flor, que había sido el punto de partida, no llegó al final. El isologo quedó en dos globos de texto fusionados, que hablan de una comunicación de ida y vuelta entre dos idiomas y dos culturas, con una tipografía redondeada. La paleta final son tonos de azul con acentos de amarillo y naranja, muy cerca de lo que habían pedido. Para títulos quedó Nunito, una de las tipografías que ellas mismas habían sugerido, y para textos largos, Futura. El tono se definió empático y servicial, claro y profesional, cercano y humano. Y el mensaje central quedó escrito así: “Iris Language Services es tu puente hacia el mundo. Confiamos en el poder de las palabras y te acompañamos en cada paso para que tu mensaje sea escuchado exactamente como lo imaginaste.”
Todo eso terminó en un manual de marca con logotipo, paleta de color, tipografías, aplicaciones e imagen. Adentro están el área de seguridad del logo, los usos incorrectos (no distorsionarlo, no rotarlo, no usar degradados ni colores fuera de la paleta), las variaciones de color permitidas, las versiones en positivo y negativo y la escala de grises. Junto al manual les entregamos los logotipos, las tipografías y los archivos editables. Florencia Morán coordinó las cuatro reuniones, revisó cada entrega y cerró el proceso con ellas en marzo de 2025.



