El desafío
Matambres Dragone lleva más de 50 años en Mar del Plata, hoy en su tercera generación al frente de la fábrica. Pero esa trayectoria no alcanzaba: en el punto de venta la gente pedía “matambre” a secas, sin pensar en quién lo hacía, eligiendo casi por casualidad entre Dragone y las opciones industriales de la góndola. La marca no tenía ningún proceso para captar clientes potenciales, ni para que un comercio o un distribuidor supiera cómo sumar el producto a su catálogo, y su comunicación digital era, como reconocía la propia familia, un terreno todavía sin trabajar.
Qué hicimos
Trabajamos primero el reconocimiento de marca puro: sacamos a la luz el proceso artesanal, mostramos a la familia (Gladys al frente) y al equipo que sostiene la producción, y construimos un tono cercano que la marca nunca había tenido, para instalarla en la cabeza de la gente antes de pedirle nada. Dejamos de mostrar el producto como una foto suelta y empezamos a mostrar qué se puede hacer con él: armamos una serie de recetas con matambre como protagonista, para que dejara de ser un fiambre más y pasara a ser un ingrediente con usos que la gente no tenía tan presentes. Sumamos colaboraciones con otras marcas locales y salimos a la calle con juegos y activaciones para interpelar directamente a la gente, en vez de pedirle solamente que mirara un posteo.
Lo que cambió
Con el proceso de reconocimiento de marca ya en marcha, reconstruimos la web desde cero pensada para los dos caminos de clientes potenciales de Dragone: comerciantes que quieren saber dónde comprar, y posibles distribuidores que quieren sumar el producto a su catálogo. Armamos también un sistema que se retroalimenta con los datos de la pauta, para que cada campaña sirva para afinar la siguiente.



