El desafío
Tener casi medio siglo de trayectoria no sirve de nada en redes si la cuenta suena a catálogo. Alcoyana existe desde 1979 y se hizo conocida a nivel nacional en los 80, cuando auspiciaba uno de los juegos de “Atrévase a Soñar” con Berugo Carámbula, pero antes de Muta comunicaba justamente así: publicaba producto y nada más, sin ninguna voz propia detrás. Ese formato apaga el alcance solo, porque nadie sigue una vidriera por gusto: la sigue quien ya está buscando comprar, y ahí se termina la cuenta.
Qué hicimos
Antes de tocar la estética, cambiamos la lógica. Separamos el contenido en dos roles distintos: piezas pensadas para llegar a gente que todavía no conocía la marca, y recién en el perfil, esa gente nueva se encuentra con la exposición de producto. Mientras la cuenta seguía mostrando solo lo que vendía, ese cambio de orden no iba a pasar. Y encontramos también la voz que le faltaba a la marca: la de una abuela moderna que le habla a su nieta y le tira consejos. No una declaración de cercanía en el copy, sino cercanía real en cada pieza, algo que se nota o no se nota, no se dice.
Con esa base, salimos a escalar lo que funcionaba. Sumamos colaboraciones con creadores de contenido y salimos a la calle con distintas host en plena temporada en Mar del Plata, dos formas de mostrar la marca fuera de la pantalla y no solo en el feed. En paralelo armamos un sistema de campañas de seguidores con retroalimentación: apuntamos a públicos parecidos a los seguidores actuales, y cada seguidor nuevo alimenta esa base de similitud, así que la cuenta se afina sola con el tiempo en vez de necesitar un ajuste manual cada mes.
Lo que cambió
Alcoyana y Grupo Nathan funcionan además como una sola estructura de marca: Alcoyana le habla al consumidor final, Grupo Nathan a los mayoristas, y cruzamos publicaciones entre las dos cuentas para que ese puente entre B2C y B2B sea directo y se pueda rastrear (podés leer también el caso de éxito de Grupo Nathan, la otra mitad de esta misma estructura).



